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Glaucoma

¿Qué es el Glaucoma?

El glaucoma, también conocido como el causante de la ceguera silenciosa, es una enfermedad ocular en que existe deterioro del nervio óptico asociado a la presión dentro del ojo. Esta hipertensión ocular es generalmente consecuencia de obstrucción o mal funcionamiento de los sistemas de drenaje del globo ocular.

El glaucoma primario de ángulo abierto es el más frecuente. Se produce a lo largo de los años; la tensión aumenta poco a poco, no origina dolor ni enrojecimiento y la pérdida de visión suele ser lenta, por lo que en etapas iniciales la enfermedad puede pasar desapercibida.

En el glaucoma agudo, que es menos habitual, la tensión aumenta rápida y peligrosamente y se debe acudir de manera urgente al oftalmólogo. Los síntomas son muy característicos: ojo enrojecido, pupila dilatada, dolor muy intenso y punzante, visión borrosa.

En todos los casos se produce un daño irreversible al nervio óptico, que es responsable de llevar la información visual del ojo hasta el cerebro. Con la progresión de la enfermedad, el campo visual disminuye hasta que se pierde por completo. La ceguera es irrecuperable.

¿Quiénes corren más riesgo?

Se estima que el año 2020 más de 300 mil chilenos tendrán la enfermedad. Tienen más riesgo los mayores de 40 años con antecedentes familiares de glaucoma, diabetes, hipertensión arterial, miopía, trauma ocular o alta presión intraocular. En los mayores de 60 años, la prevalencia se multiplica hasta por siete, por lo que la consulta a un especialista es muy importante, ya que la enfermedad es de muy difícil control si no se detecta a tiempo. Una presión intraocular elevada, un nervio óptico sospechoso, o inclusive sólidos antecedentes familiares, podrían ubicar a una persona en la categoría de sospecha de glaucoma. En estos casos es recomendable realizar un examen de pesquisa y controlar la presión ocular anualmente a partir
de los 35 años.

Opción de tratamiento

En el glaucoma primario de ángulo abierto, el tratamiento dependerá del momento del diagnóstico y del nivel de presión intraocular. Si este se produce en una etapa inicial, con poco daño del nervio óptico y presiones no muy elevadas, generalmente se controla con colirios (gotas). El tratamiento con láser también es una buena opción para muchos pacientes. La cirugía se indica en los casos más graves o con presiones muy elevadas o que no lograrán controlarse, con medicamentos o láser, y consiste en reabrir el sistema de drenaje del ojo o construir uno nuevo para disminuir la presión intraocular (trabeculectomía). En el glaucoma agudo hay que proceder de inmediato, en general mediante la administración de fármacos, la realización rápida de láser o cirugía, y frenar así su avance.

Si la enfermedad se diagnostica en una fase avanzada, el control del glaucoma se complica bastante. Desafortunadamente, no es posible recuperar la visión que se ha perdido por el daño del nervio óptico, que en gran parte se produce sin que el paciente se de cuenta. Por ello son importantes los controles periódicos, clínicos y practicar exámenes tipo curvas de presión, campo visual y OCT de glaucoma entre los más solicitados.

Para tener en cuenta

• La edad es uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad, por lo que se recomienda una evaluación anual después de los 40 años de edad (en mayores de 60 años, la prevalencia se multiplica hasta por siete).

• Tener un familiar con glaucoma aumenta el riesgo de la enfermedad en hasta nueve veces, en estos casos se debe controlar al paciente a partir de los 35 años.

• Si es detectado a tiempo, el glaucoma se puede controlar con fármacos, láser o cirugía, frenando su avance.

• Una vez generado el daño es imposible revertirlo.

• El control periódico con un oftalmólogo es la mejor manera de detectar el glaucoma y otras enfermedades oculares; 50% de los pacientes con glaucoma no saben que lo padecen.